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Mostrando entradas de octubre, 2020

EL DIARIO DE MECK: Día 8

Día 8: La misteriosa desaparición de un gordito invasor. Hoy me desperté sobresaltado, me di cuenta enseguida que algo no estaba bien y salí rápido de la cama. Me vestí con lo de siempre. Mis pantalones negros, el pullover rayado y descalzo salí de mi cuarto.  La casa estaba impecable, todo estaba en su lugar, Julito estaba en el sillón mirando la última temporada de “Supersujeto de la galaxia” y no había rastros del gordito. Supe entonces que El Otro había vuelto a aparecer. Lo miré a Julito que me devolvió la mirada dándome la razón.  No sé si quiero saber qué fue lo que pasó con el Gordito. Porque si hay algo de lo que estoy seguro es de que El Otro, gordoactivista no es y que su manera de resolver los problemas es bastante diferente a la mía.

EL DIARIO DE MECK: DIA 7

 Todavía estoy acostado, así que aprovecho ahora para escribir. Me estoy sintiendo un poco raro. Quizás Julito me contagió algo, no sé, pero la verdad que no tengo ganas de salir de la cama nunca más en la vida.  Me gustaría que eso no me pasara, porque me pierdo de muchas cosas pasando mi tiempo tirado y sin hacer nada. Ojo, que yo aburrirme no me aburro, disfruto estando solo y me encanta estar en la cama con la frazada hasta el cuello. Ahora que el cielo se aclara el clima se empieza a estabilizar.  Ya está haciendo calorcito otra vez y eso de estar con la frazada hasta al cuello se convierte en un problema. A mi igual me encanta. Creo que empiezo a entender ahora porque Julito no quiere que lo pele.  Decidí no molestarlo porque se siente mal, pero sigo con la duda sobre lo que anduvo haciendo en estos días que no nos vimos. Como no salí del cuarto, al gordito nadie lo vigila. Ni me quiero imaginar cómo debe estar la casa. Un gordito a sus anchas dando vueltas por...

EL DIARIO DE MECK: DÍA 6

Dia 6: Flores del aire Hoy la vecina me tocó timbre. La atendí con miedo, porque como ya conté, es medio rara. Me dijo que había estado dedicándose a salvar capullos de flores del aire. Yo le pregunté qué era eso, porque a esa flor no la conozco. Me dijo que crecen en algunos árboles muy muy altos, pero que, a veces, los pimpollos se caen sin abrirse y para poder florecer necesitan un trato especial. Me contó también que estás flores están en peligro de desaparecer.  En la mano tenía un vasito de plástico con agua y cinco pimpollos rosados. Me dijo que lo deje así unos días que cuando vea que se abren, los pase a la tierra, que me iba a sorprender mucho.  El vasito lo dejé en la repisa de la ventana al lado de la gruya de papel.